viernes, 13 de mayo de 2011

MI ABUELO Y LA TOTORA DE HUANCHACO

CONVERSACIONES CON DON PEDRO URCIA SICHE
“Mi abuelo y la totora de Huanchaco”
De izquierda a derecha: John, Pedro y Junihno Urcia

Cuentan los abuelos que una tarde de rebelión y después de  navegar muchas Lunas llenas, arribó a las costas de Huanchaco el mítico fundador de la Civilización Chimú: Takaynamo. En su aventura migratoria lo acompañaban otros señores de gran poder: sacerdotes, guerreros, sirvientes y bellas doncellas;estas ultimas con piel de color de la arena mojada. Todos estos personajes arribaron en balsas de totora. Los abuelos, cuentan también,que ni bien llegaron estos señores erigieron un templo en la parte más alta del acantilado y desde allí divisaron el territorio para construir la monumental y sagrada ciudad del Mar: Chan Chan.
Lo interesante del  relato es que para la época, la totora  ya estaba  industrializada y por lo tanto su cultivo estaba a cargo de gente especializada en  Chan Chan, en las áreas conocidas como “Wachaques”.  Pero y entonces ¿Cómo es que el balneario de Huanchaco cuenta con totorales? El viento me llevo a conocer al descendiente de un visionario que gracias a su locura la tradición de la pesca en balsillas de Totora aun persiste.
“Me case por amor y no por tradición”
-          Yo me escape de la tradición de los matrimonios arreglados, yo me case por amor y no por tradición. Me cuenta don Pedro Santos Urcia, su piel del color de sus redes esta curtida, en sus ojos expresa orgullo del apellido y del legado que su historia encarna.
-          ¿Se escapo de la tradición, pero no del matrimonio? Le bromeo, para entrar más en confianza, el exclama una carcajada y sus ojos brillan como el sol de otoño.
-          Lo que pasa es que cuando era muchacho, los matrimonios aun se arreglaban entre los padres y pues yo ya estaba en la edad. ¡Ya mi matrimonio estaba arreglado y yo me escape e ingrese al ejército!
En la primera década de los noventas, sin duda era un honor hacer el servicio militar pero enrolarse por evitar un matrimonio arreglado, sin duda, enriquecería más la historia en el cuartel.
-          Termine el servicio militar y regrese a Huanchaco y me case por  amor con la que ahora es la madre de mis hijos. Y así como ahora armo mis balsillas, así arme mi vida en compañía de la mujer que estuvo siempre a mi lado, con mi única flor: Rosa, Rosa Calle.
-          Pero y entonces ¿no hubo problemas con la familia por esta insubordinación suya? Le pregunto, mientras el continua seleccionando las totoras grandes y pequeñas.
-          Si, ¡Ardió Troya, como dicen! Pero yo ya habia visto en mi Rosa florecer mis futuros retoños así que tuve que ser fuerte, pues luego vino una ola de rechazo de las amistades, pero contra viento y marea seguí mi rumbo. Además en mi sangre corre las locuras de mi abuelo, a quien yo y otros pescadores le debemos mucho.
“Lo tildaron de loco y otras cosas más, pero mi abuelo fue un visionario y gracias a su locura Huanchaco vive ahora.”
-          ¿Su abuelo?  y ¿Qué tiene que ver su abuelo con usted y los otros pescadores? Le pregunto, mientras su semblante cambia y se torna ilustre.
-          Mi abuelo, don Antonio Urcia Arroyo, fue el primer pescador en Huanchaco que trajo la Totora de Chan Chan y la plantó aquí en lo que ahora se llama los “humedales”.  Los pescadores de Huanchaco siempre se abastecían de la Totora del área de Chan Chan, pero mi abuelo intuyo que algún día esa Totora que nadie cultivaba se acabaría o en peor caso  su extracción seria prohibida, pues estaba en territorio de los “gentiles”. Y es así que por los años treinta mi abuelo Antonio planto las primeras totoras por aquí en Huanchaco. Lo tildaron de loco y otras cosas más, pero mi abuelo fue un visionario y gracias a su locura Huanchaco vive ahora. Comenta con dignidad mientras se dirige a limpiar su poza.

La Totora ya lleva cultivada siete décadas en los humedales de Huanchaco y es, en efecto, el aporte que don Antonio Urcia hizo a los pescadores de Huanchaco. Toda manifestación material e inmaterial que este ligada a la totora como materia prima, le debe una gratitud a don Antonio Urcia, quien al igual que sus contemporáneos continuó con la pesca artesanal, manteniendo el equilibrio de una economía  ecológica.
Don Pedro Santos, lleva en su sangre a los Urcia de Huanchaco y los Siche de Moche. Y para cerrar con broche de oro, sus hijos John y Junihno han ganado premios y campeonatos de surf locales y nacionales. Sin duda Don Antonio Urcia sonríe con placer allá del otro lado del mar, donde los Chimús iban a descansar.
Esta crónica va en homenaje a don Antonio Urcia, pescador visionario que lego y garantizó la totora como patrimonio cultural a las generaciones presentes y futuras.
Continuara
Texto y fotografía:
Víctor Corcuera Cueva
Trujillo el 13 de mayo del 2011

2 comentarios:

amelia arellano dijo...

Textos e ilustraciones bellísimas.
Conmovedor el diälogo y la imágen de don Pedro.
Gracias y a seguir los caminos de nuestra América.

amelia arellano- San Lüis.
Rep Argentina

Anónimo dijo...

Woao, recontra orgulloso de mi familia y mi papa...como Urcia que soy me incluyo a la pesca artesanal de huanchaco!